En 1959, un grupo de excursionistas rusos a las puertas de conseguir la condecoración más alta por su pericia alpinista marcharon en 27 de enero por los Urales. Su intención era cruzar Jolat Siajl, la Montaña de la Muerte, una de las rutas más difíciles del globo.

 

Desaparecieron en el citado tramo sin dejar rastro, y al encontrarse al cabo de varias semanas y en varias excursiones sus cuerpos, estaban en posiciones insólitas, con ropas que no les correspondían, algunas de ellas contaminadas por radiación, las tiendas de campaña rasgadas.