LDP MAGAZINE N°84

El acercamiento al género de espadachines voladores y maestros del Kung Fu fue en aquellos cines de barrio, roídos por el tiempo y con un fuerte olor a humedad, así como otros aromas de dudosa procedencia, aquellos que visitábamos cada fin de semana con los amigos del barrio, muchas r veces sin importar quedarse de pie en la sala o en alguna butaca víctima de los años, que eran verdaderas trampas mortales a la hora de sentarse en ellas.

Las desteñidas cortinas se abrían a la vez que la luz del lugar daba el ambiente preciso para quedar bajo la hipnosis de una pantalla parchada grisácea, que alguna vez fue blanca, donde se proyectaba un filme que debía acomodarse, mientras desde la sala de proyección le daban foco. Al fin, en medio de un silencio espectral, se dejaban ver algunos los primeros minutos de acción, seguidos por el título, con letras chinas de grandes proporciones, muchas veces tapando los acontecimientos que parecían congelarse por una fracción de segundos. La mayoría de esos filmes eran de baja monta, la moda de filmes de artes marciales era algo que se llevaba en los ‘70 hasta principio de los ‘80, donde rara vez pudimos ver verdaderos actores marciales o maestros en su mayoría desplegando sus dotes en el combate.

Es ya con la llegada de los videos club donde se podía escoger entre una opción más amplia, donde conocimos o redescubrimos a muchas de las actuales leyendas. Pero, en realidad, solo éramos testigos de la punta del iceberg, estábamos frente una centenaria tradiciones de producciones, que recién al escudillar conseguiríamos descubrir verdaderas joyas. 

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